Tu jefe te dice 19 cosas que estás haciendo bien, pero añaden una que quisiera que mejores.

De esa lista, cuál será la que probablemente quedará en tu mente?

La negativa, claro está.

Consideramos a una persona que casi nunca miente como un mentiroso si lo sorprendemos en una mentira. Pero no consideramos a un mentiroso empedernido como honesto cuando lo agarramos en una verdad…

Último ejemplo: estás buscando un artículo en Amazon. De 1,500 comentarios, 75% son positivos, 15% son regulares, y 10% son negativos.

Los negativos te atraen más… y tienen más peso, aunque sean solo el 10%.

Cierto?

Aunque hay muchos otros ejemplos, quizás te es intuitiva la idea de que las cosas negativas tienen más peso que las positivas.

Esto se llama “el sesgo de negatividad”, y hay una teoría que explica por qué somos así en términos evolutivos.

Imagínate por un momento a un grupo de los primeros humanos caminando por la selva.

Ven a una fruta que se ve apetitosa… pero uno de ellos la huele, y como no está seguro de si es comestible, la deja a un lado. Otro de ellos la come. Poco más tarde, muere envenenado.

El resto del grupo continúa caminando por un rato, cuando escuchan un sonido que viene de la maleza… todos corren hacia los árboles, pero uno de ellos está más relajado: ese sonido suena a un animal pequeño e inofensivo. Unos segundos más tarde, un oso se devora al pobre humano confiado.

Y así, la naturaleza ha premiado al que tiene más miedo, al que vive estresado, prestándole especial atención a todo lo malo que sucede o puede pasar.

En el mundo de nuestros antepasados, la felicidad no era tan importante como la supervivencia.

Pero esa adaptación puede convertirse en un verdadero obstáculo para nuestra felicidad hoy en día…

Qué hacemos con todo esto?

La meditación, en sí misma, ha mostrado que puede hacer un trabajo fenomenal para cambiar el cableado de nuestro cerebro.

Desde hacer más pequeñas las partes del cerebro que nos estresan (la amígdala) y desarrollar aquellas que nos ayudan a tomar mejores decisiones (la corteza pre-frontal), las prácticas meditativas no sólo nos relajan… cambian a nuestra biología para ayudarnos a ser más felices.

Pero en su libro “Cultiva la felicidad”, Rick Hanson propone estrategias muy interesantes para “recablear” a nuestro cerebro, que van más allá de la simple meditación.

En principio, el Dr. Hanson sugiere cultivar la felicidad a través de expandir el efecto que las experiencias positivas tienen en nosotros de forma consciente.

Esto no quiere decir que dejamos de tener momentos negativos, o que nos escondemos de ellos.

Pero si queremos que los momentos positivos tengan un impacto mayor en nuestra vida, entonces tenemos que darles un espacio más grande en nuestra mente.

Por ejemplo, en el momento que notamos una experiencia feliz o agradable, nos damos entre 15 y 30 segundos para apreciarla por completo. Para integrarla en nuestra memoria. Para hacer “que cuente”.

Acostumbrarnos a saborear por más tiempo los momentos positivos, hace que nuestro cerebro eventualmente pueda reconocerlos más fácilmente, y darles más importancia.

Si el jefe te da una lista de 19 cosas positivas y una negativa… entonces conscientemente puedes escribir algunas de las positivas y repetirlas, sobre todo cuando notes que la negativa empieza a ganar terreno.

Es cierto, toma un esfuerzo reconfigurar a nuestro cerebro. Pero es un esfuerzo que realmente vale la pena, porque eventualmente nos habituaremos a lo positivo, y será más fácil entrar en un estado de felicidad de una forma natural.

Pruébalo hoy… y me cuentas 🙂

Por un cerebro habituado a la felicidad,

Mijael