Algunas personas quizás se sorprendan si les digo que el opuesto del amor, para mí, no es el odio, ni la indiferencia.

El opuesto del amor, es el miedo.

Y si esto te sorprende, tengo algunos ejemplos que quizás te ayuden a ver mi punto de vista.

1) En la pareja

La incertidumbre es terrible para las relaciones de pareja.

Si una de las personas tiene miedo de expresar su amor para no volverse vulnerable, la otra lo nota y también se contrae. Eventualmente la falta de romance hace que la relación se marchite.

Del mismo modo, si una de las dos personas tiene miedo de que la otra se marche, ese miedo suele tornarse en pólvora que explota en peleas, a veces por razones aparentemente distintas.

Es por eso que si hago coaching con parejas, una de las condiciones para trabajar juntos es que por un tiempo determinado (cambia dependiendo de la circunstancia), no se mencione en lo absoluto la palabra divorcio (o separación).

De lo contrario, el miedo hace que la gente no pueda abrir su corazón…

 

2) En las amistades y en los negocios

Si tienes pavor a que se aprovechen de ti, eventualmente dejarás de ofrecer ayuda, o servicio, sin estar siempre buscando algo a cambio que quede “garantizado”.

La gente nota esto, y lo resiente.

Aunque nadie tiene la ilusión de que los negocios hacen las cosas de forma altruista, nos gusta sentir que el buen servicio es parte de la razón de ser del negocio, y no una estrategia para sacarnos más dinero.

Igualmente, no es justo pretender que las amistades sean de una sola dirección a la hora de dar. Pero si nuestros amigos están constantemente buscando rendir cuentas de quién hizo qué, por temor a no ser correspondidos, eventualmente no habrá amistad, sino “transacciones de favores”.

Eso no es amor.

3) En la política migratoria

Puedo entender perfectamente el temor que existe en lo EEUU, en cuanto a la pérdida de seguridad, de trabajos, y hasta de cierta hegemonía cultural.

Incluso si muchos de esos temores no están basados en la realidad, la percepción del peligro puede hacernos poner la necesidad de sentirnos seguros por encima de nuestras ganas de ser generosos y… de amar al prójimo, sin importar de dónde venga, o de cuánta ayuda necesite.

La valentía del amor

En cada uno de estos casos, el miedo puede ser muy útil para evitar colocarnos en más riesgo del necesario.

 

Por ejemplo, es importante escoger una persona confiable para ofrecer nuestro amor de pareja, o incluso nuestras amistades.

A veces, es una buena idea “despedir” a los clientes que abusan de la generosidad de un negocio.

También estoy de acuerdo con establecer filtros efectivos para no dejar entrar a cualquier persona a un país al que muchos quieren hacer daño.

A pesar de que me encanta hablar del amor como un valor importante, no lo veo en términos absolutos. Más amor y menos miedo no es siempre una buena alternativa, porque el miedo puede ayudarnos a prevenir mucho dolor.

Y aunque esta balanza entre amor y miedo es algo muy personal (todos tenemos un punto distinto al que llamaríamos “óptimo”), para aquellos que queremos vivir llenos de amor, necesitamos también armarnos de valor.

Porque cada vez que le decimos a alguien “te amo”, estamos poniéndonos en riesgo.

Cada vez que le damos ayuda a alguien, esa persona podría aprovecharse.

Cada vez que dejamos que alguien entre al país, hay un riesgo de que no se comporte como un buen ciudadano.

Pero si el miedo gana en todas estas circunstancias, entonces viviremos enjaulados por nuestro deseo de sentirnos seguros. Y en esa jaula en donde reina la seguridad, también estaremos solos y vacíos.

Por eso, el camino del amor no es un camino cursi.

Por el contrario. Es un camino para gente valiente, dispuesta a cierta cantidad de vulnerabilidad.

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Con amor,

Mijael