Si te digo que una planta tiene memoria, ¿me creerías?

No estoy hablando de memoria de generación tras generación (como lo que sucede con el ADN), sino recordar que algo sucedió antes, tal y como lo haría un ser humano…

 ¿Dónde almacenaría esa memoria una planta, si no tiene un cerebro?

Buena pregunta… y aunque no tenemos todavía la respuesta, lo que estoy a punto de contarte te dejará pensando de todos modos que es posible.

 

Un experimento curioso

 

El experimento fue realizado por Mónica Gagliano una científica en Australia, en el que ella utilizó un tipo de planta de las que se cierran como un mecanismo de protección, no sólo al contacto, sino también al percibir un cambio drástico en el ambiente o su alrededor.

La base del experimento consistía en lanzar suavemente la planta desde unos seis pies para que caiga sobre una superficie suave. La caída provocaba una sensación de peligro que hacía que la planta se cierre.

 

Pero no lo hacía una sola vez: la pregunta era si después de hacerlo 70 veces, la planta lograba aprender que no había ningún peligro.

Sorprendentemente, eso fue lo que sucedió!

Mientras más lanzaba la planta, más la planta aprendía que la caída no le provocaría ningún daño, y por lo tanto, no había razón para cerrarse.

Para asegurarse que no era solamente una coincidencia, lanzó a un montón más de plantas, y la mayoría dejaron de cerrarse. Otra vasta cantidad de plantas también dejaron de cerrarse .

Pero… no sería lógico pensar que las plantas estaban cansadas de tanto cerrarse, y simplemente dejaron de hacerlo por estar agotadas?

Gagliano decidió esperar un tiempo.

Aquí es cuando se pone todo muy curioso…

Un mes después, volvió a hacer el experimento, volvió a lanzar las plantas y ellas… se acordaron, y no se cerraron!

Impresionante, no?!

 

Reflexiones para humanos

 

Los seres humanos  a veces somos tan inteligentes como las plantas…

Una sola experiencia no es suficiente.

Tenemos que vivir la misma experiencia una y otra vez para poder aprender la lección.

Aunque nuestro cerebro complejo puede ayudarnos muchas veces a aprender lecciones, incluso cuando no las vivimos directamente, es justamente esa complejidad la que a veces limita nuestra capacidad de aprender.

Tenemos distintos aspectos de nuestra mente (o cerebro, si quieres limitarte a lo físico), que compiten por nuestra atención.

Por ejemplo: una persona que apuesta compulsivamente puede reconocer que debería detenerse… Aún así, es capaz de justificarse de mil maneras, y hacerlas parecer todas muy razonables!

 

Encontrando ayuda

 

Es por eso que muchas veces necesitamos de alguien (típicamente un terapeuta o un coach) que pueda ver nuestra situación de un modo más objetivo, y nos ayude a “salir de nuestro propio camino”.

 

Otra manera de aprender con ayuda de otras personas, es cuando podemos ver o entender a través de lo que le sucede a otra persona, y que tengas la oportunidad de ver cómo esa persona supera ese obstáculo

 

Es por ello que en talleres, cursos o en experiencias de terapias grupales, puedes encontrarte con personas que han vivido tu mismo problema. Cuando ves a la otra persona encontrando una solución,  el que suceda a través de otro, hace que puedas bajar tus defensas, y por consiguiente, puedas aprender más fácilmente.

 

Por último, algo que también nos ayuda a ver a nuestra realidad de un modo más objetivo, son las prácticas que llaman Mindfulness, o atención plena.

La capacidad de estar presentes, y observar una y otra vez nuestros pensamientos “con distancia”, nos ayuda a aprender las lecciones de vida que aparecen frente a nosotros, sin tanta resistencia.

Deseándonos a todos utilizar estas herramientas para aprender más rápido que las plantas…

 Con cariño,

Mijael