Después de tan sólo 20 segundos de movimiento vigoroso, Marta (una joven de 22 años) estaba hiperventilando y mareada.

Todo su cuerpo se estaba resistiendo. De hecho, sus manos hacían el símbolo de “stop”, y su cuerpo se iba hacia atrás, como con miedo.

¿Por qué le pedí a Marta hacer 30 segundos de movimiento vigoroso?

Porque quería ayudarle momentáneamente a cambiar su estado anímico.

Es algo simple: si quieres cambiar las historias que definen a tu vida, es casi imposible hacerlo desde un estado anímico que las refuerza.

Y Marta necesitaba un cambio de historias.

Porque a sus 22 años, vino a mi tratando de mejorar cómo se sentía. Y cuando le propuse hacer 25 squats al día, como una forma de iniciar un hábito de ejercicio diario, su excusa fue

“Es que no me da el tiempo”.

25 squats o sentadillas, toman unos 3 o 4 minutos, si decides hacerlo en cámara lenta.

El tiempo no era el problema.

Y cuando le pedí a Marta que se sentara (era obvio que su resistencia no le permitiría ni siquiera cambiar su estado por un momento), le pedí que reflexione en lo que había sucedido…

Y le pregunté, “¿de dónde viene tanta resistencia?”

Su respuesta podría ser resumida en esta frase:

“Es que no quiero que me cambien. ¡Finalmente estoy contenta con quien soy!”

Seguro.

Está tan contenta con quien es, se quiere tanto a sí misma… que no es capaz de hacer ni siquiera un poco de ejercicio cada día, para poder sentirse bien en su cuerpo y en su mente.

La historia de Marta es bastante común.

Ganó peso en su adolescencia, y las personas que la querían le dijeron en ese entonces “tienes que hacer algo para perder peso”.

Me puedo imaginar que trató de perder peso en varias ocasiones, sin éxito.

 

Desarrolló un odio por el ejercicio, por las dietas, por las promesas rotas, y por toda la gente que le decía que “tenía que perder peso”. De lo contrario… su valor como persona disminuiría (esto era implícito en los mensajes de sus amigos, familiares y su cultura).

Y ahora mi mensaje de “haz ejercicio, lo necesitas para sentirte mejor” (basado en MUCHA ciencia), era percibido en vez, como un mensaje de “acá vengo a tratar de cambiarte de nuevo”.

Y junto con eso… el miedo de más promesas rotas. De más intentos y fracasos. De luchar nuevamente para recuperar su autoestima.

Si conoces a alguien así, comparte con ellos este artículo (al final a la derecha hay una forma fácil de hacerlo).

Porque es importante que reconozcamos que hay dos formas de hacer ejercicio:

1) Desde el odio por nuestro cuerpo.

Tratando de cambiarlo, y llenos de miedo de vernos “feos”. Haciendo dietas que no son sostenibles.

Forzando a nuestro cuerpo de un modo que aumenta considerablemente el riesgo de lesionarlo.

2) Desde el amor por nuestro cuerpo.

Tratando de sentirnos bien. Reconociendo que aunque es posible que tratándolo mejor, nuestro cuerpo luzca más fit, eso no es una garantía.

Pero si queremos a nuestro cuerpo, y queremos que se sienta con energía, menos dolor, y nos de más placer vivir en él… hacer ejercicio es imprescindible.

Este es un mensaje importante.

Ayúdalo a llegar a quien más necesita escucharlo.

 

Con cariño,

Mijael

 

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