Hay quien aprende a la primera. Yo necesitaba dos cirugías (una para armar, otra para desarmar).
Me convertí, sin quererlo, en un estudio de caso andante para ortopedistas, fisioterapeutas y personas con curiosidad mórbida.
Pero aprendí. Un montón. En este artículo comparto contigo con detalles… a veces quizás más de los que quieres.
Primera cirugia: el trauma después del trauma
Mi primera cirugía vino luego de un accidente esquiando, con ruptura medial del fémur, mesa tibial y desgarro del menisco. O sea, dejé la mitad de la rodilla en la montaña.
Abajo la imagen post-cirugía, en rojo marqué los lugares donde había una fractura que había que «pegar» nuevamente:
El cirujano fue claro: “Cero peso por tres meses”. No un poco. No «apoyar con cariño». Cero. Como si fuera una escultura griega que no debía tocar el suelo.
La idea era noble: dejar que los huesos se unieran en su alineación perfecta, sin desplazarse ni un milímetro. Porque en las rodillas, un milímetro mal puesto es una condena a artrosis y eventual reemplazo de rodilla.
Así que pasé tres meses con movilidad limitada, acumulando la flexibilidad de una silla de bar.
Pero ahí empezó la primera gran lección: la recuperación no es sólo sanar, es moverse en la medida justa. Y esa medida no es fácil de lograr, y a veces, el cirujano con sus miedos puede enturbiar el agua.
Gracias a mi fisioterapeuta, busqué más literatura especifica a la operación que habia tenido, y decidí (en contra de las indicaciones del cirujano) moverme dentro de lo posible antes de esos tres meses. Nada de CrossFit, pero lo suficiente para que mis músculos no se volvieran decoración.
Porsia, en este otro artículo explico por qué los isométricos fueron una tabla de salvación durante esa etapa (necesitas un usuario y contraseña para accederlo, pero puedes crear una en segundos).
Pero algo me quedo claro: la falta de movimiento fue tan traumatica como la cirugía, y dilató mucho mi recuperación. Mas detalles abajo.
Segunda cirugía: la carpintería inversa
La segunda fue mucho más suave. Ya no era reconstrucción, era demolición controlada: sacar los tornillos y una barra de titanio. A pesar de no ser estrictamente necesaria, sentía molestia con esa rodilla de robocop, así que decidí sacarlo todo (bueno, dejamos a los huesos).
Y aunque técnicamente menos invasiva, el cuerpo lo sintió cómo si me hubieran metido una piñata en la rodilla. No es para menos: sacar esa ferretería que tenia adentro requiere literalmente de martillazos para desprender todo el tejido conectivo que se forma alrededor.
La inflamación fue considerable, mi rodilla lucía muy parecido a lo que sucedió la 1ra vez.
Aún así, te muestro una foto comparativa: en el lado izquierdo mi rodilla tenía 35 días luego de la primera operación, y además de estar todavía MUY inflamada, quizás puedas notar que los músculos de mi pantorrilla estaban ya seriamente atrofiados (no tengo mejores fotos, pero mi pierna era un palito luego de 3 meses de no hacer mucho con ella).
¿Que cambió?
Esta vez, desde el inicio, la instrucción era caminar y devolverle a mi rodilla su función tan rápido como mi dolor pudiera aguantar (con prudencia).
Además, esta vez ya sabía diferenciar entre “si sigues vamos a urgencias”, y “esto va a doler, pero es parte del proceso”. La diferencia es sutil, como distinguir entre un reggaetón en volumen alto y una alarma de incendio (lo siento reggaetoneros, no es mi culpa que esa musica tenga la sofisticación de un piropo de construcción).
Diferenciar esas sensaciones no es fácil, pero se puede. Y esa capacidad de discernir es lo que más ha cambiado entre la primera y la segunda recuperación.
El mito del “si duele, no lo hagas”
Los profes de yoga estamos acostumbrados a escuchar (y decir) que el dolor es una señal de alarma que dice detente.
Pero en el mundo de la rehabilitación no aplica del mismo modo.
El cuerpo humano es dramático cuando se trata del peligro (real o percibido). Se queja por cosas que necesita. A veces duele moverse porque el cuerpo tiene miedo. A veces duele porque estás despertando tejidos que llevaban semanas en modo vacaciones.
La clave no está en evitar todo dolor, sino en escuchar con discernimiento. El dolor punzante, repentino, que no se va al detenerte: probablemente mala señal. El dolor sordo, tolerable, que mejora al moverse: probablemente buena señal.
Hablemos de inflamación
Aunque ya dediqué un articulo entero a este tema, te doy un resumen de lo que hice y aprendí en relación a la inflamación post-cirugía: después de mi 1ra cirugía, el dolor no me dejaba dormir en la noche. Esa falta de sueño afectó mi recuperación y fue un factor determinante en mi depresión post-cirugia.
En retrospectiva hubiera tomado más antiinflamatorios de noche, y medicinas para dormir. Son peligrosas, y pueden producir dependencia (las que ayudan a dormir), pero no se trataba de soluciones perfectas sino de lo que menos daño hace.
Tomar antiinflamatorios dilata y entorpece la sanación… Pero si te ayudan a dormir y luego a moverte para no perder función, creo que están justificados. Eso fue lo que hice la 2da vez: con cautela, use benzodiazepinas e ibuprofeno para ayudarme a dormir casi todos los días de la 1ra semana (las excepciones era yo probando si realmente las necesitaba).
Tan pronto pude dejar ambas… lo hice. Tomé muy pocos antiinflamatorios, usé casi cero hielo, hice mucho movimiento progresivo (más detalles abajo), y eleve la pierna tanto como pude.
El resultado?
Una recuperación en tiempo récord, muy poco dolor, cero complicaciones.
Consejos para quien se está recuperando (o se va a operar):
- Consulta a tu fisioterapeuta, no solo a tu cirujano. Uno cuida los huesos, el otro cuida el movimiento. Necesitas a ambos.
- Haz ejercicios isométricos si no puedes mover la articulación. No subestimes el poder de apretar sin moverte.
- Aprende a diferenciar tipos de dolor. Dolor no es siempre daño.
- Sé paciente, pero no pasivo. Recuperar no es esperar a que el tiempo lo cure todo. Es participar activamente sin apurarte.
- Recuerda que el cuerpo es sabio… pero también exagerado. A veces grita cuando sólo necesita un susurro.
En resumen
Lo más valioso que me han dejado estas cirugías no es una rodilla biónica (aunque suena cool), sino una nueva relación con el dolor. Aprendí que si entiendes qué está pasando en tu cuerpo, puedes actuar con más inteligencia, más compasión y, sí, también con más humor.
Porque si no te ríes cuando te ponen una barra de titanio… ¿cuándo?
¿Tú también has pasado por una cirugía o lesión complicada? ¿Cómo fue tu proceso? ¿Qué aprendiste? Me encantaría leerte en los comentarios.
Con cariño,
Mijael
