Esta semana, en el New York Times, hay una historia con un video que para algunos practicantes muestra algo totalmente normal, para otros será todo un escándalo.

Pero antes de compartirlo contigo, un poco de contexto:

He aprendido “ajustes” (cuando el profesor toca al alumno para ayudarle en una postura), de parte de varios profesores de reconocimiento internacional.

Y estos ajustes han ido desde tacto que puede ser increíblemente sutil y respetuoso, hasta tacto que podría ser considerado incómodo para la mayoría de la gente.

Tomando en cuenta las historias de abuso sexual fuera y dentro del mundo del Yoga, esta conversación se ha hecho cada vez más importante.

 

¿Te pregunto antes?

En el video del NYT, vemos a Jonny Kest (conocido profesor de Yoga de más de 20 años de experiencia), diciendo que preguntar en voz alta, frente a toda la clase “te puedo tocar”, no funcionaría.

Aunque ese tipo de pregunta es justamente lo que uno de mis profesores más influyentes, Gary Kraftsow, nos recomendaba hacer, estoy de acuerdo en este punto con Kest: la mayoría de las personas se sentirían incómodas aceptando frente al grupo que no están cómodas con un ajuste de un profesor.

Por eso, hoy en día, hay otras estrategias más respetuosas y efectivas: usar tarjetas de consentimiento, que la persona coloca en una esquina de su mat, para poder decirle al profesor su preferencia de si quiere o no ser tocada, sin tener que declararla públicamente.

El problema es que cuando pones una tarjeta que pregunta si prefieres que te ajusten o no, no está claro qué tipo de ajustes estarás recibiendo.

 

¿El tipo de tacto… importa?

 Hay personas con traumas profundos, o con condiciones mentales agudas, para quienes cualquier tipo de tacto sería incómodo. 

Quizás, entonces, las estrategias que mencioné previamente deberían ser un estándar en cualquier estudio de Yoga, y de ese modo asegurarnos que todos están seguros.

Pero quizás… si el profesor puede generar un espacio seguro, en donde el alumno puede recibir ajustes muy delicados que respetan el espacio personal, y que permiten al alumno sentirse protegido y apoyado, todo esto podría ser parte del proceso terapéutico de la persona.

  

Mi opinión

El tipo de tacto que muestran a Kest haciendo en el video del NYT podría incomodar incluso a aquellos que dicen “estoy de acuerdo con que me ajustes”. 

Y aunque como dice el refrán “entre gustos y colores”, creo que es hora de que los profesores de Yoga empecemos a hacer distinciones claras entre el tipo de tacto que ayuda a una persona sin invadir su espacio personal, para ayudarle a encontrar un lugar más cómodo o seguro en la postura, y el tipo de tacto invasivo que quizás ha incomodado a mucha gente por mucho tiempo, y que recién ahora sienten la cultura les permite decirlo en voz alta.

Entiendo también hay diferencias culturales, no solo individuales que considerar. 

A pesar de todas esas diferencias, sí considero importante mencionar lo importante que es el tacto para el ser humano, y como a pesar de nuestras preferencias culturales o individuales, llevar nuestro espacio personal a un extremo en donde no podemos aceptar ningún tipo de tacto, tampoco sería del todo positivo.

Me gustaría vivir en un mundo en el que entendemos mejor la diferencia entre tacto que puede ser percibido como sensual, y el tacto profesional, sutil, y que puede ofrecer más que simplemente alineamiento, sino la capacidad de conectar a humanos de un modo natural y respetuoso.

 

Y tú… ¿qué opinas?