“Yo no creo en Dios”, me dijo Rosa con cara seria al terminar la clase, al final de la cual había explicado el significado del OHM (que tiene que ver primordialmente con lo divino).

Muchas de las personas asocian “lo divino” con Dios, y la noción de Dios es diferente para cada uno, y eso… complica las cosas.

Rosa, en ese aspecto, era solo un extremo de un espectro increíblemente variado de creencias que entran a un cuarto de Yoga esperando una práctica con expectativas totalmente distintas.

Al indagar un poco más y preguntar ¿A qué te refieres cuando dices que no crees en Dios? La respuesta de Rosa fue “Yo no creo que exista un señor de barba blanca, que viva en el cielo, y cuya ocupación sea juzgarme, y decirme si de acuerdo a su criterio merezco ir al cielo o al infierno”

«Si esa es tu manera de creer en Dios, yo tampoco creo en Dios», le respondí. Visto de ese modo… el Yoga tampoco cree en Dios.

El Dios de Patanjali

No puedo hablar del Dios del Yoga, porque la palabra «Yoga»  filosóficamente hablando, es mucho más amplia de lo que la mayoría de la gente imagina.

Pero puedo describir el Dios de lo que se considera hoy en día como el «Yoga Clásico», que suele usar los Yoga Sutras de Patanjali como fuente más común.

Patanjali

En ese libro, Patanjali describe a Dios («Ishvara») como una consciencia que no tiene origen, ni final. Es omnisciente, omnipresente, y “no tiene ni causa, ni consecuencia”.

Esta última parte me parece muy importante, porque separa al Yoga de la mayoría de las religiones a las que estamos acostumbrados.

Para mí, un Dios sin consecuencias es un Dios que no puede lidiar con mis problemas personales.

Es un Dios al que no tiene sentido pedirle favores, al que no puedo tenerle miedo, porque no puede castigarme de ningún modo.

Esto no impide a quien cree en una Consciencia Universal con esta interpretación, el sentir una reverencia, gratitud y humildad increíble ante la creación y sus misterios.

Pero sí impide una relación transaccional, en la que hacemos algo para recibir algo, o por temor a algo.

La práctica de Yoga: ¿compatible con tus creencias?

Esa pregunta tiene muchos dependes.

Primero que nada: cada profesor moldea la práctica de acuerdo a lo que conoce, entiende y cree.

Algunas clases de Yoga son difíciles de distinguir de una clase de estiramiento o ejercicios  con un poco de relajamiento.

Otras tienen la expectativa de que te unas a cantar mantras con nombres de deidades Hindúes (que no es realmente una religión politeísta, por más difícil que sea creerlo a primera vista).

Incluso en este último caso, el otro lado de la ecuación es: cuánto eres capaz de adaptar lo que ves a tus propias creencias, y de ese modo por ejemplo, cuando otros cantan a Krishna, imaginar y dirigir esa energía a Jesús, si esa es tu preferencia.

Hay profesores que consideran importante transmitir al Yoga dentro de un contexto cultural hindú. Otros, como yo, preferimos adaptar la práctica para que no importa quién venga a nuestro salón, pueda conectar con lo que considera Divino a su manera.

Te dejo esta reflexión

Estuve escuchando una conversación con Reza Aslan, quien ha escrito muchos libros acerca de las religiones. Y en su último libro declara que la pregunta de si existe o no Dios es un tanto irrelevante.

Es irrelevante porque no aclara de ningún modo a qué nos referimos cuando decimos “lo divino”, o Dios. Y hay un montón de matices que no están disponibles si la pregunta está hecha de un modo binario, “sí o no”.

Pero si en vez de preguntar si crees en Dios o no, preguntas:

¿Qué es divino o trascendental para ti?

¿Cómo describes aquello que no puedes explicar, y en lo que quizá aún no tengas palabras, definiciones o creencias muy establecidas?

¿Qué es lo que te hace cuestionar lo que crees y lo que sientes?

¿Cómo te aproximas a esa visión de una vida alineada con eso que tú consideras divino, incluso si en vez de Dios, le llamas bondad, amor, o generosidad? 

Quizás estas preguntas nos permiten pensar en lo Divino en términos más sutiles, y que permitan alternativas amplias de entendimiento.

Esta forma de abordar la pregunta acepta que todos tenemos una forma de pensar y creer en Dios, que puede ser muy variada. Acepta también que lo que respondamos es una creencia, no una certeza.

Esto me parece también muy importante en la conversación: la humildad de reconocer que por más evidencia que hayamos visto en nuestra vida, otros también han tenido la suya, y han llegado a interpretaciones o percepciones distintas a las nuestras.

Cuando matizamos la conversación de este modo, cantar OHM tiene mucho más significado personal, y el yoga deja de ser una religión, un culto, y empieza a ser algo un poco más moldeable a: ¿cómo quieres aproximarte al yoga?, ¿cómo quieres adaptarlo a  tu manera de creer en Dios?.

Creo que es más útil teniendo en cuenta que no todos los que entramos al salón tenemos la misma creencia; sino todo lo contrario, cada vez hay más pluralidad y diferencias en nuestra manera de aproximarnos a Dios, incluso dentro de cada misma religión.

Y tú… qué opinas? Te leo abajo.

Con cariño,

Mijael